Esquemas y Experiencia

16 Esquemas

*Una introducción a algunas teorías de la Ciencia del Aprendizaje sobre la Construcción y Aplicación del Conocimiento.

Nuestro sistema de conocimiento consiste en esquemas (es decir, modelos mentales), redes de información relacionada, que se almacenan en nuestra memoria a largo plazo (MLP). La MLP contiene esquemas que varían en grado de complejidad y automatización (Van Merrienboer y Sweller, 2010). Una forma de relacionarse con el esquema es pensar en los mapas y la navegación. Por ejemplo, ¿dónde estamos ahora mismo? Podemos decir «España» dentro del contexto del mundo y mentalmente sacar un mapa o un esquema del mundo. También podríamos decir Barcelona, pero a ese mapa del mundo le faltaría detalle. Así que tal vez Barcelona dentro de un esquema del sur de Europa o la propia España. Podríamos decir el número de habitación en el que estamos. El esquema anterior no sería apropiado. Necesitaríamos un esquema para este piso o edificio. Sin embargo, podemos movernos fácilmente de uno de estos «mapas» al otro con poco esfuerzo. Hemos automatizado estos esquemas en gran parte, pero contienen una gran cantidad de información que podemos utilizar para aplicar al problema en cuestión – responder a dónde estamos y hacia dónde tenemos que navegar.

En los últimos diez años más o menos, los mecanismos neuronales que subyacen a los esquemas se han aclarado (por ejemplo, cómo se representan, activan y actualizan los esquemas en el cerebro). Se cree que los esquemas se construyen y organizan de manera jerárquica, de simple a complejo, de generalizado a específico. «La información disponible en los niveles inferiores de la jerarquía, los estados de los sistemas sensoriales, por ejemplo, se recodifica jerárquicamente en representaciones de creciente generalidad, que luego se utilizan para interpretar los datos entrantes de orden inferior» (Kukushkin y Carew, 2017).

 

Figura 16.1. Los esquemas se crean y organizan de manera jerárquica

La forma en que se construyen los esquemas en el cerebro representa físicamente esta organización. El texto que figura a continuación ofrece un ejemplo de la organización jerárquica del es-quema en el cerebro. Su propósito es ilustrar cómo las teorías sobre el esquema se alinean con las propiedades funcionales y estructurales del cerebro, y no se basan únicamente en estudios del comportamiento. Para aprender más sobre la anatomía del cerebro, se recomiendan los siguientes recursos:

  1. Resumen simple de la Clínica Mayfield (http://www.mayfieldclinic.com/pe-anatbrain.htm);
  2. Lección en vídeo sobre neuroanatomía de la UBC Medicine (https://www.youtube.com/watch?v=xB7rXw_3gVY).

La corteza, que es la capa exterior del cerebro, desempeña un papel en funciones de nivel superior como la atención, la percepción, la conciencia, el pensamiento, la memoria, el lenguaje y la conciencia. Se cree que los esquemas se construyen en el cerebro desde la corteza superior a la inferior. Fuster y Bressler (2015) proporcionan una representación de la estructura de nuestro córtex (de general a detallada) en su trabajo El pasado hace el futuro: el papel del pFC en la predicción. En la corteza superior se situaría el concepto «pájaro». A medida que bajamos en la corteza, obtenemos asociaciones más específicas para tipos de pájaros como un «canario». Y en la corteza sensorial encontramos las cualidades específicas como colores, sonidos y olores. Por lo tanto, los niveles jerárquicos (generales a específico)s se reflejan físicamente cuando se re-presentan en el cerebro. «Tanto los recuerdos como los elementos de conocimiento consisten en redes corticales distribuidas y organizadas jerárquicamente» (Fuster, 2009).

Asociaciones

Los esquemas se conectan a través de asociaciones – puntos comunes vs. diferencias. Esto también se refleja en los dos tipos de señales en nuestro cerebro – excitatorias e inhibidoras. Las señales excitatorias refuerzan los elementos que están relacionados (puntos en común). Las señales inhibitorias debilitan los elementos que no están relacionados (diferencias) (Fuster y Bressler, 2015).

Referencias

  • Van Merriënboer, J. J., y Sweller, J. (2010). Cognitive load theory in health professional education: design principles and strategies. Medical education, 44(1), 85-93.
  • Fuster, J. M. (2009). Cortex and memory: emergence of a new paradigm. Journal of cognitive neuroscience, 21(11), 2047-2072.
  • Fuster, J. M., y Bressler, S. L. (2015). Past makes future: role of pFC in prediction. Journal of cognitive neuroscience, 27(4), 639-654.
  • Kukushkin, N. V., y Carew, T. J. (2017). Memory Takes Time. Neuron, 95(2), 259-279.
  • Gilboa, A., y Marlatte, H. (2017). Neurobiology of schemas and schema-mediated memory. Trends in cognitive sciences, 21(8), 618-631.
  • van Kesteren, M. T., Ruiter, D. J., Fernández, G., y Henson, R. N. (2012). How schema and novelty augment memory formation. Trends in neurosciences, 35(4), 211-219.
  • Squire, L. R., Genzel, L., Wixted, J. T., y Morris, R. G. (2015). Memory consolidation. Cold Spring Harbor perspectives in biology, 7(8), a021766.
  • Fuster, J. M., y Bressler, S. L. (2015). Past makes future: role of pFC in prediction. Journal of cognitive neuroscience, 27(4), 639-654.

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