Aprendizaje y Memoria

3 Adquisición y retención de información

El mundo no es estático, sino dinámico e incierto. Los organismos compiten y se alimentan de los escasos recursos disponibles, adaptándose continuamente para poder sobrevivir. El aprendizaje es lo que nos permite adaptarnos a nuestro entorno dinámico, para tener éxito en la incertidumbre y entre la competencia. Aprender implica explorar, adquirir información sobre el mundo y darle sentido. La memoria es el sistema que retiene nuestra información sobre el mundo y que mejora nuestras habilidades para desempeñarnos en él (Goelet y col., 1986; Kandel y col., 2014). En otras palabras, podemos pensar el aprendizaje como el proceso de adquirir información sobre el mundo; y la memoria como el proceso de retener esa información.

Debido a este proceso de doble fase, y desde un punto de vista constructivista, el aprendizaje categórico (o de conceptos) y el de aptitudes se deben vincular a los conocimientos previos. Como ya se ha dicho, el aprendizaje es un proceso dinámico a lo largo del tiempo que se basa tanto en el procesamiento perceptivo a corto plazo como en su establecimiento a corto y largo plazo en los circuitos cerebrales. La constante recuperación y revisión de los conceptos y habilidades aprendidas, mediante la revisión y la experiencia, hacen que los aprendizajes sean más seguros, duraderos y útiles. Volviendo a la visión constructivista del aprendizaje, en términos biológicos esto significa que se logra una mejor adquisición cuando los vínculos con las redes de conocimientos anteriores son más abundantes. En otras palabras, cuando se establecen conexiones entre lo que se está aprendiendo y lo que se ha aprendido anteriormente (y es relevante para el nuevo aprendizaje) (Quartz, 1999).

Estas ideas se pueden unir con el entendimiento de que los humanos construimos automáticamente mapas mentales que, en muchos sentidos, se parecen a los «mapas de carreteras» y a sus diferentes escalas (Fourez, 2008). Las distintas regiones pueden representar distintos conceptos y habilidades, mientras que las intersecciones reflejan dónde se superponen determinados conceptos y habilidades. En general, estos mapas denotan las conexiones que nos ayudan a percibir, comprender y poner a prueba el mundo, y sirven como los marcos y patrones en los que nosotros – más o menos conscientemente – confiamos para dar sentido al mundo. Por ejemplo, construimos un mapa de nuestro mejor amigo, en términos de todas las etiquetas (es decir, características) que recogemos de él y todas las experiencias que conectan y llenan estas etiquetas. Este mapa más grande de nuestro amigo también incluye uno más pequeño que conecta con quiénes somos y el significado que este amigo y sus etiquetas nos dan. Incluso si el tema es el mismo, los mapas entre las personas pueden diferir enormemente. Por ejemplo, una persona que viene a Barcelona desde Tokio por primera vez puede construir un mapa de la ciudad a partir de las guías turísticas y los escasos mapas construidos alrededor de los principales puntos de referencia. Este mapa mental sería muy diferente del de alguien que creció en Barcelona y tiene toda una vida de experiencias que no sólo se conectan a los principales lugares, sino que también emanan de los lugares y vivencias relativos a todos sus rincones circundantes, cuyos caminos serían muy transitados. Por lo tanto, el “número de carreteras» y su «anchura» – que se asemejan a los circuitos neuronales que sostienen el conocimiento – entre estos puntos de referencia (por ejemplo, las categorías de conocimiento) tendrían poca semejanza entre los dos individuos. Y como estos mapas se sustentan tanto en la codificación (es decir, cómo adquirimos la información) como en la memoria (es decir, cómo la retenemos, para usarla después) la utilidad de los mapas sería muy diferente.

A pesar de lo que muchas personas piensan, la memoria no sólo se relaciona con la memorización [1]. No sólo se activa cuando se necesita para recuperar hechos. Más bien, nuestro entendimiento actual es que nuestros sistemas de memoria contienen hechos, hábitos, habilidades y pensamientos – la memoria subyace a todo lo que podemos hacer y pensar. Es fundamental para aprender y vivir. No podemos aprender sin la participación de nuestro sistema de memoria (Squire y Dede, 2015). Para adquirir información (por ejemplo, aprender) tenemos que ser conscientes de la información y almacenarla – el aprendizaje y la memoria son parte del mismo sistema adaptativo. Un sistema que mejora nuestra capacidad de hacer predicciones precisas para acciones futuras. Por lo tanto, el aprendizaje requiere de la memoria. Y es el aprendizaje (y la memoria) lo que nos permite adaptarnos a nuestro entorno. Además, estos mecanismos de adaptación que apoyan el aprendizaje [2] se comparten entre las especies, desde los mamíferos hasta los insectos como las abejas (Menzel, 1990).

Referencias

  • Squire, L. R., y Dede, A. J. (2015). Conscious and unconscious memory systems. Cold Spring Harbor perspectives in biology, 7(3), a021667.
  • Goelet, P., Castellucci, V. F., Schacher, S., y Kandel, E. R. (1986). The long and the short of long–term memory—a molecular framework. Nature, 322(6078), 419-422.
  • Kandel, E. R., Dudai, Y., y Mayford, M. R. (2014). The molecular and systems biology of memory. Cell, 157(1), 163-186.
  • Menzel, R. (1990). Learning, memory, and “cognition” in honey bees. Neurobiology of comparative cognition, 237-292.
  • Devonshire, I. M., y Dommett, E. J. (2010). Neuroscience: viable applications in education?. The Neuroscientist, 16(4), 349-356.
  • Quartz, S. R. (1999). The constructivist brain. Trends in Cognitive Sciences, 3(2), 48–57. doi: 10.1016/S1364-6613(98)01270-4
  • Fourez, G. (2008). Cómo se elabora el conocimiento (Vol. 109). Narcea Ediciones.

  1. Es importante señalar que algunos términos utilizados en este libro pueden tener diferentes significados para la comunidad educativa y la comunidad científica (Devonshire y Dommett, 2010). Nuestro objetivo es clarificar los términos, prevenir conceptos erróneos y construir puentes entre las comunidades. En este caso, la comunidad educativa suele pensar que la memoria es el proceso de memorizar individualmente y repetidamente algún tipo de contenido. En este libro, la memoria se refiere al proceso biológico y a la función cognitiva en la que se establece el aprendizaje categórico (concepto) o de habilidades dentro de los circuitos del cerebro. Es importante señalar que las formas de adquirir y consolidar esos tipos de aprendizaje implican mucho más que la memorización repetida. Se hace hincapié en estrategias educativas como el aprendizaje entre pares, el uso de imágenes, la práctica de la memoria y/o el aprendizaje activo que implica la recuperación y la elaboración del aprendizaje
  2. Otra situación paradójica entre la comunidad educativa y la comunidad científica rodea al término "aprendizaje". El aprendizaje se utiliza a menudo para referirse a los resultados de evaluaciones externas o de comportamiento que sugieren que algún nuevo conocimiento se ha consolidado en alguien. El aprendizaje también puede referirse a las evaluaciones tanto a nivel de comportamiento, que en el laboratorio se puede medir típicamente con una curva de aprendizaje (una curva que muestra que el porcentaje de buenos ensayos al aprender una tarea aumenta a lo largo del tiempo), como a nivel interno que implica algunos cambios en la estructura y función de diferentes elementos del cerebro como las sinapsis (es decir, las conexiones cerebrales). Sin embargo, ha sido un reto para la comunidad científica atribuir una evaluación externa del aprendizaje (es decir, un cambio en el comportamiento) a los cambios en un circuito o incluso a nivel celular/molecular, lo que a menudo se denomina "el problema de la vinculación". Una definición adicional es que el aprendizaje es una capacidad innata natural que hacemos constantemente para adaptarnos al mundo.

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